miércoles, 8 de febrero de 2012

El castillo abandonado de Noisy



El castillo abandonado de Noisy



El Château de Noisy es un espectacular castillo belga, abandonado desde 1991. A pesar de que la naturaleza y algunos vándalos lo han convertido en ruinas todavía resulta un lugar impresionante, que refleja la belleza y el lujo que tuvo en otros tiempos.


Aunque algunas personas se atreven a visitarlo, entrar en él es muy peligroso porque se está cayendo literalmente a pedazos. Existen enormes huecos en los suelos y muchos muros derrumbados. Las lluvias ya han acabado con las cuadras de los caballos y, año tras año, su estado es cada vez más ruinoso.








Durante la Revolución francesa, la familia del Conde del Liedekerke-Beaufort tuvo que abandonar su residencia habitual, el Château de Vêves, para ocultarse en una granja situada cerca de Celles. Después de la Revolución, decidieron convertir la granja, que pasó a ser denominada castillo, en su nuevo hogar. La granja fue creciendo hasta que, finalmente, en 1866, un arquitecto inglés llamado Milner levantó una mansión gigantesca: el Château de Miranda.






Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial esta magnífica propiedad se convirtió en la residencia de la familia, salvo cuando fue ocupada brevemente por los nazis.


En 1958, el castillo empezó a ser utilizado por la SNCB (Compañía ferroviaria nacional belga) como un lugar de vacaciones para los niños de los ferroviarios y comenzó a ser llamado Château de Noisy.


En la década de 1970 se convirtió en una residencia en la que se ofrecían actividades deportivas. Finalmente, en 1991 fue abandonado.




El castillo tiene 550 ventanas y una torre de 56 metros de altura






La cocina




La habitación donde los niños daban clase








Escalera para acceder a la torre




Maquinaria del reloj de la torre

Las Fortalezas marinas Maunsel


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Reliquias de salitre y óxido

Durante la 2ª guerra mundial, los aviones alemanes de la Luftwaffe, tenían la mala costumbre de lanzar minas a los estuarios de los ríos Támesis y Mersey  para, a poder ser, hundir la mayor cantidad de barcos ingleses que a diario navegaban por estas importantes vías de comunicación marina. Pero los británicos, que en estas cosas de la defensa y la estrategia siempre han sido muy pillos, llamaron a la puerta de un tal Guy Maunsell, que en un abrir y cerrar de ojos les diseño unas bonitas plataformas marinas fuertemente armadas y que, según parece, fueron bastante efectivas contra los molestos ataques nazis.
Se diseñaron dos tipos de plataformas, por un lado, los Fuertes Marinos Maunsell, cuatro en total que fueron instalados en el estuario del Támesis en 1942 y de los que se hizo cargo la Royal Navy. Estos constaban de dos enormes pilares de cemento y hormigón que se montaban sobre unos pontones flotantes que, tras ser remolcados, se hundían controladamente, pasando a ser el pontón su punto de anclaje en el fondo arenoso. Sobre los pilares de hormigón se construía el Fuerte, que iba dotado con cañones antiaéreos de 3.75 pulgadas y cañones Bofors de 40 mm. También disponían de radar y de los servicios suficientes para funcionar de modo autónomo.
Fotografías de  telstar999
Fotografía de Pete Woodhead
Por otro lado estaban los Fuertes Marinos Maunsell controlados por el ejército. Éstos constaban de varias plataformas metálicas fondeadas en grupo y que se conectaban por pasarelas formando un pequeño complejo. Cinco de las plataformas estaban equipadas con cañones antiaéreos y se situaban en semicírculo alrededor de una torre central que actuaba de centro de control de toda la instalación y que albergaba también a una dotación de unos 120 hombres. La última torre estaba colocada a un poco más de distancia de las demás y albergaba los focos para buscar aviones en la oscuridad.
Tres de estos fuertes fueron instalados en el estuario del Mersey y otros tres en el del Támesis. Oficialmente se contabilizaron 22 aviones alemanes derribados por estas defensas marinas, que también destruyeron unas 30 bombas volantes V1.
A finales de los años 50 todas las plataformas fueron desmilitarizadas y abandonadas. Algunas de ellas fueron demolidas por completo por estar en puntos muy peligrosos para la navegación, otras se han venido abajo tras el envite de las tormentas. Desde los años 60, alguno de estos complejos ha sido usado para ubicar emisoras de radio piratas aunque hoy en día no tienen ningún uso más que el turístico, ya que se organizan pequeños paseos para poder verlas de cerca. Algunas empresas están interesadas en sacarle un poco más de partido a estas reliquias bélicas, restaurando y conservando algunas de ellas para distintos fines.
Fotografía de Glen Fitgerald
Fotografías de Telstar999

Momias célebres. La historia de los amantes de Teruel.

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Diego

Han sido los cinco años más duros de mi vida, las batallas contra los moriscos casi  me han costado la vida en varias ocasiones. He andado cientos de kilómetros por caminos polvorientos, he sufrido sed y hambre y tengo cicatrices en casi todos los rincones de mi cuerpo. Pero nada me importa, y si lo tuviese que repetir, lo haría mil veces más sin dudar… porque por ella, el sacrificio no es más que el  destino que me acerca a sus dulces labios.
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Mi nombre es Diego de Marcilla, y hoy, entro de nuevo en mi ciudad, Teruel, con la fama y la fortuna que me dieron todas las batallas en las que luché y vencí contra los moros. En mis alforjas traigo la dote para desposarme con Isabel, el único amor de mi vida, que prometió esperarme durante estos cinco años mientras reunía la fortuna suficiente que me pidió su padre para pedir su mano.
Mientras subo por la cuesta de la Andaquilla, en la iglesia suenan campanas de boda. Pienso que no es mal modo de entrar en Teruel, pues en pocos días, esas campanas sonarán de nuevo sobre nuestras cabezas mientras nos declaramos amor eterno.

Isabel

Maldigo el día que le hice aquella promesa. Pobre Diego, por mi culpa partió a la lucha donde probablemente algún filo partió en dos su corazón.  Ahora pienso que no debí de darle esperanzas, de ese modo, pese a mi desdicha, en estos momentos seguiría con vida. Mi padre siempre quiso lo mejor para mí y para mi futuro y cuando le dijo a Diego que no tenía la suficiente dote para conseguir mi mano, los dos debimos de acatarlo.
Pero éramos muy jóvenes y faltos de razón, y tras mi promesa de que lo esperaría durante cinco años, el partió hacia un empresa imposible y que le habrá costado su vida. Hoy termina el plazo, pero la total ausencia de noticias suyas me hizo perder hace tiempo la esperanza de su vuelta. Como mujer de honor, le debo respeto a mi padre y debo de acatar sus deseos y casarme con ese hombre, que seguro que cuidará de mí y será un buen esposo. Que Dios y Diego me perdonen, pero la presión de mi padre ha sido muy grande durante estos años y por un solo día, yo, Isabel de Segura, incumpliré mi promesa.
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Diego e Isabel

La alegría de Diego se torna en total tristeza y desolación al enterarse que las campanas que ha escuchado al entrar en Teruel, eran las de la boda de su amada Isabel. Siente una mezcla extraña de sentimientos en su interior, en el cual el pesar y la rabia se mezclan a partes iguales. Necesita escuchar de labios de Isabel el porqué, quizás se olvidó de él, quizás todo lo que el sufrió durante estos años no sirvió para nada o, al contrario, todavía le quede una oportunidad. No puede esperar a conocer la respuesta, y cuando cae la noche, se dirige decidido hacía el nuevo hogar de los recién casados.
El esposo de Isabel duerme en el lecho exhausto tras un largo día de celebraciones, pero ella no consigue conciliar el sueño pensando que ya no hay vuelta atrás cuando siente que alguien coge su mano. Diego ha entrado con sigilo y la mira arrodillado junto al lecho. Los dos permanecen en silencio durante unos minutos contemplando sus rostros bajo la suave luz de la luna que se filtra por el gran ventanal. Una lágrima recorre la blanca mejilla de Isabel y cuando se dispone a explicarle a Diego lo sucedido, el posa sus dedos sobre los temblorosos labios de ella y le pide un beso como muestra de amor, un solo beso sincero para que su vida pueda continuar con algo de sentido. Isabel le niega el beso a Diego invocando la honestidad que le debe a su nuevo esposo y a su padre, y también a ella, pues pese a desear ese beso con toda su alma, el miedo a las consecuencias es mucho mayor.
Diego le pide por segunda vez ese beso como muestra de amor e Isabel se lo niega de nuevo y, tras esta segunda negación, Diego cae muerto sobre su regazo.
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Entre sollozos de pura pena y dolor, Isabel le cuenta a su marido todo lo sucedido. Este, tras calmarla, coge el cuerpo sin vida de Diego y al amparo de las sombras de los pórticos, lo lleva hasta la puerta de la casa de sus padres.
Al día siguiente, las campanas de la iglesia vuelven a sonar, pero esta vez para anunciar a Teruel la muerte de D. Diego de Marcilla.
El féretro de Diego se encuentra en el altar de la iglesia, donde familiares y amigos velan en silencio el cuerpo, a la espera del  comienzo del funeral. El murmullo de los rezos tan solo se ve roto por el chirriar de la puerta, por donde entra una mujer con el rostro velado que camina con certeza hasta el altar. Una vez allí, descubre su rostro y se inclina hacía el de Diego para besar en silencio sus labios. Tras el beso, queda tendida sobre su pecho.
El funeral está a punto de comenzar y algunas mujeres se acercan para decirle a esta mujer que debe de apartarse del féretro. Pero esa mujer no responde, esa mujer es Isabel que yace muerta sobre el cuerpo de Diego.
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El novel esposo de Isabel, relataría allí mismo ante todos los presentes la historia que la misma Isabel le había contado entre sollozos la noche anterior. Y nadie dudó de que los dos habían muerto de amor, del amor más grande y puro que jamás se había conocido en el lugar y, en honor a los dos enamorados, se decidió enterrarlos juntos  para que pudiesen pasar el resto de la eternidad en mutua compañía.
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Los amantes de Teruel

Estos hechos, relatados aquí sin excesivos detalles, acontecieron en el año 1217 en la ciudad de Teruel dando origen a la leyenda de los amantes. Diego (Juan Martínez de Marcilla según documentos históricos) y Isabel de Segura, vecinos desde la infancia y ambos de familias nobles, se amaron desde siempre. Diego era el segundo hijo de la familia, con lo cual, el primogénito era el designado como heredero. Al pedir Diego la mano de Isabel a D.Pedro de Segura, el padre de ésta, que se negó apoyándose en el tema de la dote, pues no sería Diego el heredero de la fortuna de su padre. Diego decidió partir a las batallas contra los moriscos para acumular la fortuna suficiente para poder casarse con Isabel, tras prometerle ella que lo esperaría durante cinco años. A partir de este momento, la historia acaba como habéis podido leer.
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Pese a ser una leyenda, los hechos están bastante bien documentados con diferentes actas notariales de la época tras  varias exhumaciones de los cuerpos, que tras casi 800 años, se encuentran momificados con los mismos gestos con los que fueron enterrados. Los féretros de los amantes de Teruel son un punto de visita obligada para todo aquel que pase por tan peculiar y bonita ciudad. Hace unos años, los cuerpos fueron sometidos a distintas pruebas cronológicas que los dataron en los años en los que sucedieron los hechos, para acallar las bocas de unos cuantos escépticos que siempre pensaron que toda esta historia no era más que un cuento de viejas. Hay gente a favor y gente en contra, aunque no encuentro el motivo para intentar tirar por los suelos una leyenda tan bonita como esta.